El Señor de las Cerámicas

El Señor de las Cerámicas

El Señor de las Cerámicas

Para mis hijos, cuando niños, lo llamaban así: El señor de las cerámicas, y para Pía  también se llama así, y lo que me costo que entendiera que allí si se podía tocar, mirar con las manos, y además mientras todo esto sucedía la abuela rezaba el Padre Nuestro en todos los idiomas, pidiendo que no se le fuera a caer nada.



Saben, para mi sorpresa, más que mirarlos con las manos siempre acaricio esas piezas y sobre todo, lo que más le gusta, conste que lo heredo de mi, son los monjes para poner los palitos con olor, abuela, si Pía los sahumerios, no los palitos con olor, esa palabra no me sale…Y todo los años los miramos, los acariciamos y nunca nos llevamos uno, no sé porque, tal vez ese es su lugar, como el primus de mi rancho que tengo miedo que extrañe….

Y el artesano que las hace, no sé cómo se llama, siempre buenas tardes y nada más, este verano le pregunto el nombre, con su vestimenta tan típica de sombrero y pantalón corto, creo que nunca lo vi con remera, el frio pasa de largo por su lugar, no se atreve a llegar, es tanta la belleza que hay.

Yo que converso hasta con las plantas no pude nunca sacarle una palabra y respeto su silencio,” como otros pobres” respetan mi conversación; es de poco decir y de mucho hacer, nunca dejo de admirar esas obras de arte tan valiceras y tan hermosas, creo que si paso cinco veces por el lugar, en un día, entro las cinco veces, a esta altura me debo estar transformando en la señora de negro para nuestro artista.

Entro, salgo, toco, miro y cada visita que llega al Macondo, debe acompañarme y realizar la rutina que tengo para mostrar Valizas: primero la laguna y esperar encontrar algún pájaro, como cuando mirábamos los cisnes de cuello negro; luego la comisaria y la planta de OSE, siguiendo, donde se encontraba ubicado el Francés, unos pasos antes donde estaba el boliche de Barrios, perdón el almacén más adelante la Hermosa Capilla, con ese Cristo que debe ser único y que cada vez que entro le encuentro alguna belleza distinta, siguiendo el almacén de lo del Bel, se llama así, ta!, enfrente, unos pasos más el restorán del caballito de mar, que no se llama así pero gracias a mi fibromialgia, no me acuerdo, cuando venga el nombre se los digo, seguimos caminando y está el súper el Puente, de Enrique y señora, que empezaron siendo empleados de Barrios, hace muuuuchoooosss años, ya no está Dona Bella, donde comíamos rico, bueno y barato, porque cuando la DGI comenzó a fiscalizar perdimos muchas cosas típicas y valiceras, en esa explanada grande están los artesanos, algún día me verán por ahí, dentro de cuatro años cuando me jubile y prepare cosas bellas que se puedan ver con las manos. Más adelante esta La Panadería, no tengo idea si tiene nombre, pero trato de pasar lo más lejos posible, porque todo es demasiado rico en ese lugar y llegamos a lo del Yiye donde hay de noche música, cantores, tragos; unos pasos más La Plaza Leopoldina Rosas, que tiene una hermosa mujer que perteneció a ese buque, hundido en nuestras costas frente a Valizas y que algunos de sus pasajeros quedaron en este lugar de tanta magia y de esos naufragios hay abundante material y muy bien escrito por personas que son escritoras, con titulo y todo. Unos pasos mas esta la  mama de Pepino, que hace hermosas prendas en lana, y si tomas la calle que sale a la panadería, llegas a la laguna pequeña que tiene Valizas en sus entrañas, no tiene mas pájaros, pero si unos hermosos patos, que son plumíferos al fin.

El Almacén del Edil del pueblo que no recuerdo como se llama, perdón, pero es la fibro, y también se me paso la casa de Beatriz que en invierno hace equipos deportivos y en verano se transforma en inmobiliaria ambulante.

Y tampoco hable de la Posada Eirete de mi querida amiga Maria Antonia, la pintora, pero eso es para otro cuento.

Elizabeth la contadora de cuentos